Bernard-Henri Lévy, una impostura judeofrancesa

Las mentiras de Bernard-Henri Lévy

Por Doug Ireland

Bernard-Henri Lévy es tan habitual en los medios de comunicación de Francia que es universalmente conocido como BHL. Sin embargo, en círculos intelectuales y periodísticos de París se le conoce por el apodo de BHV, los grandes almacenes franceses que venden de todo. BHL había esperado promocionarse a sí mismo en los Estados Unidos con su American Vertigo, en el que viaja a los Estados Unidos “tras las huellas de Tocqueville”. Pero nadie lo está comprando.

American Vértigo me recuerda a esa vieja película: Si hoy es martes, esto es Bélgica, sobre unos turistas estadounidenses de recorriendo Europa a toda prisa. El relato de BHL sobre de sus paradas relámpago en diversas partes del país, con chofer y traductor, está recibiendo críticas unánimamente negativas, especialmente en las ciudades que visitó, cuyos periódicos locales se han apuntado al deporte de señalar sus errores. Mientras tanto, las observaciones de baratillo del libro han sido ampliamente puestas en ridículo. En la primera página del New York Times Book Review, Garrison Keillor pone una banderilla a BHL por “el estilo grandilocuente de un universitario de segundo año inflando un trabajo de fin de curso”, y agrega: “[el libro] No tiene razón para se ser, salvo como ejemplo de que el viajar no ensancha necesariamente la mente”. No hace falta decir más.

Otros dos periodistas franceses -Nicolas Beau de Le Canard Enchainé y Olivier Toscer de Le Nouvel Observateur- acaban de publicar en París Une Imposture Francaise (Una impostora francesa), una investigación sobre cómo ha construido su éxito BHL. Escriben:

Un filósofo que nunca ha enseñado la materia en ninguna universidad, un periodista que se crea un cóctel mezclando lo verdadero, lo posible, y la totalmente falso, un cineasta de chapuzas, un escritor sin autnetica obra literaria, que es el icono de una sociedad del espectáculo mediático en la que la apariencia pesa más que la sustancia de las cosas. BHL es, ante todo, un gran comunicador, el hombre de relaciones públicas del único producto que realmente sabe cómo vender: él mismo.

Los defectos de la obra de BHL han sido evidentes desde el principio. Su tercer libro, de 1979 Le Testament de Dieu, fue reducido a cenizas por el historiador y helenista Pierre Vidal-Naquet (un líder moral de la izquierda francesa) en un artículo famoso de Le Nouvel Observateur que expuso en detalle los numerosos errores de BHL. Por citar sólo dos, BHL cita textos que pretendía eran de la caída del Imperio Romano (siglo IV), pero eran en realidad del siglo I aC, y cita la deposición de Heinrich Himmler en los juicios de Nuremberg, que abrió sus sesiones seis meses después del suicidio del líder de las SS. Entrevistado 20 años después por Jade Lindgaard y Xavier de la Porte, los autores de Le B.A. BA du BHL (El Abecedario de BHL), Vidal-Naquet, dijo con tristeza: “Hemos pasado de la República de las Letras en el no-República de los Medios de comunicación. Pensé que me había ‘cargado’ a BHL, pero sigue vivo. Lo considero una derrota “.

Desde la macro editorial Grasset, en la que BHL ha trabajado como editor desde 1973, lanzó su primera operación mediática: la creación de los ” nouveaux philosophes” (nuevos filósofos), una banda de escritores de media pluma de los cuales él era el más destacado, cuyo leitmotiv era el anti-marxismo, el anti-comunismo, el anti-anti-americanismo, y el apoyo al libre mercado como garante del bienestar humano. Sus libros defendieron el monoteísmo y la lucha contra las ideologías como la única respuesta posible al derrumbe moral del comunismo, fomentando así la despolitización al rebufo de la disolución del “espíritu de mayo de 1968” y del triunfo de la cultura de consumo.

BHL lanzó su segundo libro, La barbarie con rostro humano, desde la plataforma de la sobreponderada tertulia “Apostrophes”, emitida en horario estelar. Este apuesto galán, de pelo largo peinado de forma estudiada, y una camisa blanca cuidadosamente desabrochada para revelar su pecho bronceado, hizo que la hija del presentador le dijera después: “He visto a Rimbaud en la televisión!”

Esa camisa blanca desabrochada, por cierto, es un elemento importante de la imagen pública y televisiva de BHL; dice mucho sobre el personaje. Si lo intenta con su propia camisa, el cuello cae en un doblez. Sin embargo las camisetas de BHL están especialmente diseñadas por el famoso camisero Charvet, con cuellos que resisten ser desabotonadas y nunca se hunden debajo de su chaqueta. El efecto cuesta unos $ 400 por pieza, pero BHL es un hombre muy rico. La revista Capital negocios recientemente lo nombró una de las 100 personas más ricas de Francia.

Nacido con un cucharita de plata en la boca, BHL heredó el enorme negocio maderero de la familia enorme, Becob. Desempeñó un papel importante en la gestión de la empresa, hasta que fue vendida en los años 90. La empresa estaba especializada en maderas preciosas de África y, como revela Une imposture Francaise, mientras que BHL administraba la empresa, numerosos organismos internacionales y un informe del gobierno canadiense la denunciaron por mantener a sus trabajadores africanos en una penosa semi-esclavitud, lo que contradice las pretensiones de BHL de ser un activista humanitario internacional.

El libro también describe también turbias especulaciones BHL en el mercado de valores, su interrogatorio por las autoridades sobre el uso de información privilegiada y las empresas fantasma que posee en Francia, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos, y sobre sus problemas con Hacienda por los ingresos no declarados que dieron lugar a una acusación judicial. Antes de que pudiera ser llevada adelante, la acusación fue anulada por uno de los nuevos amigos conservadores de BHL, el entonces Ministro de Finanzas Nicolas Sarkozy, la estrella ascendente de la derecha. Sarkozy es sólo uno de las muchas amistades que BHL ha cultivado, elogiándolo en la prensa y encargándole que escribiera un libro para Grasset, una de las tácticas favoritas de BHL para seducir desde presentadores de televisión a críticos literarios.

BHL cambia sus lealtades políticas, como de su camisa. Siendo uno de los cortesanos de Francois Mitterrand, BHL apoyó su presidencia, ayudando a crear SOS Racismo, uno de esos grupos de derechos civiles centrado en jóvenes franco-árabes y negros. Une imposture Francaise, sin embargo, revela que el grupo no era más que un mecanismo mediático de obtención de votos para Mitterrand, que fue completamente creado desde el Palacio del Elíseo. También ayudó a lanzar la revista mensual Globe, diseñada para ser el brazo mediático de la propaganda de Mitterand, y en la que BHL contaba con una columna en la primera página de cada número.

BHL fue recompensado por estos esfuerzos con la presidencia de la comisión gubernamental que reparte subvenciones al cine francés. BHL usó el puesto, que tiene poder de vida o muerte sobre el cine francés, para financiar sus fallidas creaciones cinematográficas, así como películas protagonizadas por su deslumbrante esposa-trofeo, la actriz Arielle Dombasle. Pero, cuando sintió que la estrella de Mitterrand se eclipsaba, comenzó a coquetear con y a apoyar a la derecha del primer ministro, Edouard Balladur, y fue recompensado pronto con la presidencia de la cadena estatal ARTE TV, en la que continuó usando el dinero de los contribuyentes para subvencionar sus propias producciones, las de sus amigos y, por supuesto, los proyectos en que actuaba Dombasle

Inteligencia fatua BHL fue proyectada en pantalla grande en el número de 27 de febrero de The Nation, cuando escribió “muchos progresistas necesitaron, según propia confesión, al huracán Katrina para indignarse, incluso se enteraron del escandaloso alcance de la pobreza que golpea a las ciudades de Estados Unidos”. BHL no tenía ninguna necesidad de esperar al Katrina, predijo su llegada.

En una entrevista con la revista New York, BHL afirmó que su “viaje americano estuvo oscurecido por tres sombras… La sombra de la guerra en Irak, la sombra de una elección, y la sombra de Katrina”. Cuando el entrevistador señaló que Katrina “aun no había sucedido en el momento en que escribió el libro”, BHL hizo simplemente una pirueta verbal: “La sombra anticipada de Katrina. Estuve en Nueva Orleans, cuatro o cinco meses antes de Katrina, y legué, más o menos, a prever lo que iba a suceder. Como le gusta decir a BHL displicentemente cuando se ve atrapado en una mentira: “En todo caso, la tinta se seca tan rápido… “

Traducción propia de: The Lies of Bernard-Henri Lévy

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