El mito de los pogromos rusos. Parte II

Segunda parte: La invención de las atrocidades

Tras haber puesto los fundamentos históricos de la cuestión judía en Rusia, dirigiremos nuestra atención a los disturbios anti-judíos de la década de 1880. Este ensayo ofrecerá en primer lugar al lector la narrativa estándar de estos hechos, expuestos por los judíos contemporáneos y por la mayoría de los historiadores judíos; un relato que ha prevalecido abrumadoramente en la conciencia colectiva. La segunda mitad del ensayo estará dedicado a la disección de uno de los aspectos de esta narrativa judía y a explicar los acontecimientos como realmente ocurrieron. Otros aspectos de la narrativa judía serán examinados en las entradas posteriores de esta serie. Como una obra de este tipo puede ser objeto de la crítica de ciertos sectores que la denunciarán como “revisionista”, tengo que decir que el “revisionismo” debe ser la esencia de todo trabajo histórico. Si se aceptan ciegamente las historias que nos son transmitidas, estaremos expuestos a ser víctimas de lo que equivale a poco más que un juego sacralizado de “susurros chinos” [Nota del traductor: se refiere al juego que consiste en transmitir un mensaje oralmente a través de varias personas y comprobar cómo se modifica durante esta transmisión]. Y si eliminamos el derecho de los historiadores a reinterpretar la historia a la luz de las nuevas investigaciones y descubrimientos, nos habremos alejado de cualquier pretensión de verdadera erudición.

El discurso judío sobre los pogromos.
En 1881, el Comité Ruso-Judío (RJC por sus siglas en inglés), brazo de la élite judía de Gran Bretaña, distribuyó masivamente un folleto titulado “La persecución de los Judíos en Rusia”. Lo difundió a través de la prensa, las iglesias y muchos otros canales. En 1899, lo pulió y fue publicado como un libro pequeño. Actualmente hay copias digitalizadas en Internet [1] A principios del siglo 20, el folleto había inspirado un periódico de cuatro páginas titulado Darkest Rusia, Semanario sobre la lucha por la libertad, para garantizar que el ciudadano británico medio no olvidara los horrores padecidos por los judíos en Rusia [2] El hecho de que estas publicaciones fueran producidas en masa debería proporcionar una indicación sobre su objetivo: es obvio que forman parte de la campaña de propaganda más ambiciosa de la historia judía, y se conciertan con esfuerzos similares en los Estados Unidos. Su objeto era llamar la atención y ‘educar’ a los países occidentales para garantizar la primacía del punto de vista judío en esta historia. Implícito en este objetivo está no sólo el deseo de provocar actitudes anti-rusas, sino también de asegurar la simpatía generalizada hacia las víctimas judías, simpatía necesaria para garantizar que la emigración masiva judía a Occidente se produjera sin problemas ni obstáculos de los nacionalistas blancos. Después de todo, ¿no estaba el nacionalista fanático a un paso solo del salvajismo cosaco?

El primer elemento de la narrativa de la RJC (Russian Jewish Committee según sus siglas en inglés) es esencialmente una manipulación de la historia de las relaciones entre rusos y judíos. Sostiene que los judíos de Europa del Este habían sido oprimidos durante siglos, haciendo penosa toda su vida “desde la cuna hasta la tumba” mediante leyes restrictivas. [3] Se alegó que los rusos tenían una ley no escrita: “Que ningún Judío se pueda ganar la vida”. Los judíos de Rusia, según el Comité ruso-judía, habían intentado integrarse en la sociedad rusa, pero fueron rechazados una y otra vez como “herejes y extranjeros”. El Pale era una fortaleza impenetrable en la que los judíos “debían vivir y morir”. Implícita en esta interpretación de la historia de las relaciones judeo-rusas está la creencia de que la fuente y el origen de los males que azotan la comunidad judía rusa no tiene nada que ver con los judíos mismos, solo con la Iglesia, el Estado y el Pale. En esencia, la situación de los judíos era el solo resultado del odio irracional de los gentiles. Judíos adoptan un papel pasivo y tímido en esta narrativa. No han cometido ninguna mala acción salvo ser judíos. Se presentan como las únicas víctimas de la violencia de los rusos. No hay ningún reconocimiento del fracaso de los esfuerzos de Rusia para derribar los muros judíos de la exclusividad y reclamar a los judíos como ciudadanos. De hecho, no hay ninguna referencia en absoluto a la barrera de exclusividad erigida por ellos mismos. Los propios pogromos, de acuerdo con la narrativa judía, estallaron tras el asesinato de Alejandro II, cuando la ira y el deseo de venganza traído por este odio irracional subieron de las raíces a la superficie.

El segundo elemento de la narrativa judía es que el gobierno y los pequeños funcionarios participaron de alguna manera en la organización y dirección de los pogromos. El tercer elemento es que los pogromos fueron genocidas, pues fueron organizados y perpetrados por grupos que buscaban el exterminio de los judíos. La edición 1899 de “La persecución de los Judíos en Rusia” incluye una copia de una larga carta escrita al Times de Londres por Nathan Joseph, secretario de la RJC, de fecha 05 de noviembre 1890. En la carta, Joseph afirma que “cientos de miles de personas podrían ser exterminadas”. En resumen, se afirmaba que los judíos de Rusia estaban viviendo bajo “sentencia de muerte”. La carta termina con un llamamiento a “la Europa civilizada” para intervenir, castigar Rusia, y ayudar a las víctimas judías.

El cuarto elemento clave de la narrativa judía es que los pogromos fueron de naturaleza extremadamente violenta. En especial, los informes contemporáneos de la prensa fueron la fuente de la mayoría de las historias de atrocidades. Típicamente, informes de los refugiados recién llegados que habían informado al JRC sobre los pogromos de los que habían huido. En estos informes, que fueron reproducidos frecuentemente por el New York Times y el Times de Londres, los rusos fueron acusados de haber cometido atrocidades diabólicas a gran escala. Todos los judíos del Imperio Ruso estaban amenazados. Los hombres habían sido asesinados sin piedad, niños pequeños había sido tirados contra las piedras o quemados vivos en sus propios hogares. Durante una consulta parlamentaria británica sobre los pogromos de 1905, un rabino de Michelson afirmó que “las atrocidades habían tan brutales que no podía encontrar paralelos incluso en los anales más bárbaros de los pueblos más bárbaros”. [9] El New York Times informó de que durante los pogromos de Kishinev en 1903 “los niños fueron literalmente descuartizados por la turba frenética y sedienta de sangre”. [10]

Otro elemento crucial de la narrativa judía es que Rusia es un país bárbaro, ignorante e inculto en comparación con los judíos rusos. Rusia, se dice, sigue en la “Edad Media” [15] y en comparación con el “campesinado ignorante y supersticioso”, [16] los judíos de Rusia se presentan como los avanzados de la civilización occidental: son urbanos e “intelectuales”. La publicación de RJC arguyó que la cuota universitaria del 5% de judíos era insuficiente para “una raza intelectual”. Sorprendentemente, se afirma que “la raíz de todo este asunto es la arrogancia racial ” [17] aunque esta arrogancia, por supuesto, es solo la de los rusos.

La situación era tan desesperada y la posibilidad de exterminio tan grande, que la única salida era que las naciones civilizadas de Occidente abrieran sus puertas y dejaran entrar a estos pobres ‘hebreos’. Y en gran medida, esto es exactamente lo que las iglesias, los políticos y los medios de comunicación acordaron. Esta capitulación, consecuencia de la manipulación de las conciencias, marcó el comienzo de la mayor migración de la historia judía, con profundas implicaciones para todos nosotros. Este relato fue en su mayor parte un fraude calculado, diseñado y promovido por expertos, con la participación voluntaria de los judíos rusos emigrados que querían facilitar su propio acceso a Occidente y obtener “ayuda de Europa occidental y Estados Unidos”. [18]

Las “Atrocidades”

Antes ya de los informes sobre la violencia, el público británico había sido preparado para rechazar al gobierno ruso y aceptar el discurso judío. John Doyle Klier señala que el Daily Telegraph era en ese momento de propiedad judía y fue especialmente “severo” en sus informes sobre el tratamiento de los judíos rusos antes de 1881. [19] En las páginas de esta publicación, se afirmó que “esas atrocidades rusas son sólo el comienzo. … Los propios funcionarios rusos toleraban esas barbaridades”. [20] En Europa continental, el rabino prusiano Yizhak Rulf funcionó como un “intermediario” entre Occidente y los judíos del este, y, de acuerdo con Klier, una de sus especialidades era la difusión de “informes sensacionalistas sobre violaciones masivas”. [21]

Otras fuentes importantes de historias de atrocidades pogromos fueron el New York Times, el Times de Londres y el Jewish World. Este último habría proporcionado la mayoría de estas historias al haber enviado un reportero “para visitar las zonas que habían sufrido los pogromos”. [22] La mayoría de los otros periódicos reimprimían simplemente lo que el reportero del Jewish World enviaba. Las historias de atrocidades contadas por estos periódicos provocaron una indignación mundial. Hubo grandes protestas públicas en contra de Rusia, en París, Bruselas, Londres, Viena, e incluso en Melbourne, Australia.

Sin embargo, como afirma John Klier, los informes del “corresponsal especial” del Jewish World “plantean problemas interesantes para el historiador”. [24] Mientras que su itinerario de viaje se considera plausible, la mayoría de sus relatos son “rotundamente desmentidos por los documentos de los archivos”. [25] Su afirmación de que veinte manifestantes fueron asesinados durante un pogromo de Kishinev en 1881 ha demostrado ser una pura invención, los archivos muestran que en esa ciudad, en ese momento,”no hubo pogromos importantes y ni víctimas mortales”. [26] La pretensión de que presenció fusilamientos de campesinos en sus viajes han sido completamente desacreditada por la gran cantidad de pequeñas inexactitudes que contienen los relatos.

Klier afirma que “los relatos más influyentes del corresponsal, teniendo en cuenta su efecto en la opinión pública mundial, fueron los de violaciones y tortura de niñas de diez a doce años”. [29] En 1881 informó sobre 25 violaciones en Kiev, de las cuales cinco resultaron en muertes, en Odesa, según él, se produjeron 11, y en Elizavetgrad, 30. [30] La violación tiene un lugar destacado en sus reportajes, no porque las violaciones fueran comunes, sino porque, más que el asesinato y los saqueos “causaban indignación en el extranjero”. Klier afirma, además, que estos reportajes, evidentemente falsos, fueron “acreditados por el prestigio de The Times a pesar de no tener la firma de ningún periodista; fueron publicados posteriormente en un folleto y traducidos a varios idiomas europeos… se convirtieron en la versión definitiva de los pogromos”. [33]

Como los reportajes cada vez más espeluznantes de las atrocidades atrajeron la atención del público, el Gobierno británico fue presionado a intervenir. Sin embargo, se adoptó un enfoque prudente con una investigacion independiente de los sucesos. Las conclusiones del cónsul Stanley, publicadas en un “Libro Azul”, “presentan una narración de los sucesos muy distinta de la ofrecida por The Times”. [34] El aspecto más notable de esta investigación independiente es la negación pura y simple de las violaciones masivas. En enero de 1882, el cónsul general Stanley contradijo todos los detalles contenidos en los informes publicados por The Times, mencionando en particular los reportajes infundados “de violaciones de mujeres”. [35] Además, declaró que sus propias investigaciones revelaron que no ha habido casos de violación durante el pogromo Berezovka, que la violencia era poco habitual y que los disturbios se limitaron a daños a la propiedad. En relación con los daños a la propiedad en Odessa, Stanley estima que fue de alrededor de 20.000 rublos, y rechazó de plano la pretensión judía de que los daños ascendieron a más de un millón de rublos.

En Elizavetgrad, en vez de calles enteras arrasadas, se descubrió que el techo de una pequeña choza se había derrumbado. Se constató, además, que muy pocos judíos, si alguno, habían sido asesinados de forma intencionada, aunque algunos murieron de las heridas recibidas en los disturbios. Se trataba principalmente del resultado de peleas entre grupos de judíos que defendieron sus tabernas y alborotadores en busca de alcohol. Los pocos judíos que habían sido asesinados deliberadamente habían sido víctimas de personas desequilibradas, borrachos del licor vendido por los judíos. Las acusaciones de intento de asesinato carecen simplemente de fundamento y no están apoyadas por las pruebas.

La publicación de estos informes, indica Klier, supuso un serio revés para las acciones de protesta y de auxilio de la RJC.” [38] El Times se vio obligado a dar marcha atrás, pero respondió maliciosa (y ridículamente) afirmando que la indignación del país estaba aun así justificada, incluso si las atrocidades eran “las creaciones de la fantasía popular”. [39]

Las revelaciones llegaron en un mal momento para la RJC. Se recurrió a la reedición (en the Times) de su folleto sobre la persecución en Rusia dos veces en un mes. Klier afirma que se trata de ejemplos magistrales de propaganda que intentaban socavar la credibilidad de los cónsules del gobierno, mientras que apelaban al “sabio y noble pueblo inglés”. En resumen, se pedía a los ciudadanos occidentales que confiaran más en un rabino anónimo del otro lado del mundo que en los representantes oficiales de su propio gobierno.

A pesar de los esfuerzos del cónsul Stanley, la narrativa judía propiciada por la RJC se ha mantenido inalterable en la percepción occidental de los pogromos. El Libro Azul fue sofocado por los relatos de la RJC. Sólo tras la investigación de John Klier, de unos diez años de duración y basada en un escrutinio académico de las pruebas de los archivos, ha sido posible una revisión de este relato. A la luz de estas pruebas, sólo cabe concluir que las historias de violaciones, asesinatos y mutilaciones eran “más legendarias que reales”. [47] Queda pendiente desmontar y analizar otros aspectos de la narrativa judía, y buscar los verdaderos motivos de su creación.

Myth and the Russian Pogroms, Part 2: Inventing Atrocities

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